De Veracruz al mundo
POLITICAS, TRAICIONES Y ALGO MAS
Marco González Kuri.
2026-04-27 / 20:13:30
Morena rumbo al 2027
El pasado 22 de abril, Luisa María Alcalde dejó la presidencia nacional de Morena para asumir la Consejería Jurídica de la Presidencia, a invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum. En su lugar, el nombre que circula con mayor insistencia —aunque sin confirmación oficial— es el de Ariadna Montiel. La lectura es de fondo y, para Veracruz, el movimiento debe analizarse con particular atención.



Las elecciones de 2027 en Veracruz renovarán diputaciones federales y locales. Y la regla que comienza a perfilarse es clara: las candidaturas federales no se deliberarán en los estados; se definirán en la Ciudad de México. Lo que queda en el ámbito estatal son las candidaturas locales. Ahí, la gobernadora Rocío Nahle tiene peso real: estructura, acceso al aparato estatal y capacidad de operación. Pero decir que es “dueña” del tablero sería excesivo. La centralización tiene una consecuencia concreta: cuando el centro distribuye el poder, puede colocar en el espacio local a perfiles formalmente morenistas, pero con lealtades distintas a las de la gobernadora. Rivales internos con la misma credencial.



El centro no necesita confrontar a Nahle de manera directa; le basta con premiar a alguien que ella no habría premiado. A ello se suma la válvula de escape hacia los aliados: cuando no hay lugar para un aspirante dentro de Morena, el PT o el Verde se convierten en el canal por donde se libera la presión. No por convicción ideológica, sino por aritmética política. En Veracruz hay más aspirantes que espacios.



Dentro de Morena, la geometría interna ya tiene nombres. El senador Manuel Huerta lleva meses en abierto disenso con la gobernadora —y no lo oculta—. Ha denunciado desabasto de insumos quirúrgicos en el hospital de alta especialidad de Xalapa, ha comparado el pago del bono navideño del sector salud con prácticas del porfiriato y ha planteado mecanismos de revocación de mandato. Nahle respondió sin ambages: lo descalificó públicamente. El presidente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, fue más lejos: lo denunció ante la Comisión Nacional de Honor y Justicia del partido y pidió su expulsión.



Está también Ricardo Ahued Bardahuil, secretario de Gobierno y perfil cercano a la gobernadora. La cercanía tiene ventajas, pero también límites. Ahued sabe leer el momento y probablemente asume lo que en voz baja se comenta: ser el hombre de confianza no lo convierte automáticamente en heredero. En ese escenario, la cercanía puede ser trampolín… o techo. Por ahora, administra con eficacia esa posición.



El tercer grupo en tensión es el que rodea al exgobernador Cuitláhuac García Jiménez. Cazarín, Zepeta y Zenyazen Escobar siguen activos, con estructura territorial y recursos. No son actores menores. Pero también cargan con el peso de su propio sexenio: una administración con pasivos cuyo saldo político sigue en disputa —y que tanto la oposición como los disidentes internos recuerdan cuando conviene. En política, eso no cancela proyectos; los condiciona.

El análisis más reciente sobre la entidad es consistente: la fragmentación de Morena en Veracruz ya es visible, se ha hecho pública en medios y redes, y el “fuego amigo” se activa sin necesidad de coordinación cuando la competencia es interna. Liderazgos identificados miden fuerza, acumulan territorio y construyen imagen. Nadie se baja. Nadie se disciplina del todo. Todos esperan.



En ese contexto, los partidos aliados no son actores pasivos. Son actores con agenda propia. El Partido del Trabajo —que en las elecciones municipales de 2025 ya acusó a Morena de intentar fracturarlo— tiene estructura limitada, pero capacidad real de desequilibrio en regiones específicas. El Partido Verde Ecologista de México juega un papel más sofisticado. Su presencia en Veracruz tiene nombre y apellido: Javier Herrera Borunda. No necesitan ganar; les basta con restar. Y eso, en política electoral, tiene valor.



Movimiento Ciudadano cierra el mapa de actores relevantes. No está en condiciones de ganar Veracruz en 2027 —carece de territorio, operación y cuadros con peso suficiente—, pero puede absorber lo que la disputa interna de Morena vaya dejando en el camino. No confronta de manera frontal; capitaliza.



El diagnóstico estructural es claro: Morena sigue siendo la primera fuerza electoral en Veracruz —en las elecciones municipales de 2025, Morena y el PVEM en coalición gobernaron 84 municipios—, pero el ejercicio del poder genera desgaste. El partido que llegó como alternativa enfrenta hoy tensiones propias: estructuras que se aferran, candidaturas que se negocian y lealtades que tienen costo.



Lo que viene en Veracruz no es una ruptura. Las rupturas son costosas y nadie parece dispuesto a pagarlas. Lo que viene es una negociación prolongada, con tensiones visibles, distanciamientos calculados y mensajes que dicen más de lo que declaran.



Y en ese escenario, la elección de 2027 no se va a definir por la fuerza de la oposición, sino por la capacidad de Morena para procesar —o no— su propia disputa interna.



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