| En su reordenamiento comercial, la UE acelera la modernización del acuerdo con México. | ||||||
| Tras cerrar los acuerdos con Mercosur e India, la Unión Europea agiliza la firma con el segundo socio comercial más importante de Latinoamérica para diversificar mercados frente a las presiones arancelarias. | ||||||
| Viernes 06 de Febrero de 2026 | ||||||
| Por: Expansión Política | ||||||
El peso de la relación bilateral explica ese interés. Según datos de Banxico, entre enero y noviembre de 2025, el intercambio comercial entre México y la Unión Europea ascendió a 85,981 millones de dólares, cifra equivalente a 7% del comercio total mexicano. Se trata de una base sólida que ambas partes buscan ampliar mediante el nuevo acuerdo que es más ambicioso y actualizado. Las exportaciones mexicanas hacia la Unión Europea se concentran en sectores de alto contenido industrial. Entre los principales productos que el bloque importa desde México destacan maquinaria y electrodomésticos, productos minerales, químicos, equipos de transporte y metales básicos. Para la Unión Europea, México es ya su segundo socio comercial más importante en América Latina, solo por detrás de Brasil, una posición que refuerza su carácter estratégico en la región. Tras concluir en 2025 las negociaciones para modernizar el Acuerdo Global bilateral, conocido como TLCUEM, un proceso que comenzó en 2016, la Unión Europea se prepara para avanzar hacia la firma del pacto modernizado. Este paso se inscribe en una dinámica más amplia de cierres simultáneos de acuerdos comerciales considerados prioritarios por Bruselas. En las últimas semanas la Unión Europea se apresuró a cerrar acuerdos, por ejemplo, después de más de 25 años de negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur cerró sus textos finales en diciembre de 2024. A inicios de 2026, el Consejo de la Unión Europea autorizó formalmente su firma, con lo que inició la fase de ratificación en los distintos parlamentos. También avanzó en Asia. El 27 de enero de 2026, la Unión Europea y la India cerraron un acuerdo calificado como histórico tras 18 años de negociaciones. Días después, el bloque elevó su relación con Vietnam a una asociación estratégica integral, el nivel diplomático más alto entre socios externos, como señal de recalibración comercial frente a las presiones arancelarias de Estados Unidos. Ante este panorama, el embajador de México en Bélgica, Luxemburgo y la Unión Europea, Rogelio Granguillhome Morfín, sostuvo recientemente una reunión con el presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, Bernd Lange. En ese encuentro se abordó el alcance del acuerdo modernizado y su impacto en comercio, inversión, sostenibilidad y cooperación política. Granguillhome Morfín subrayó la necesidad de avanzar con rapidez hacia la firma y afirmó que el acuerdo será un pilar estratégico para construir una asociación Unión Europea–México más sólida en el cambiante panorama global. De acuerdo con lo planteado inicialmente por la Secretaría de Relaciones Exteriores, la firma se previó para este mes, aunque posteriormente el calendario se amplió al primer cuatrimestre del año. Lo cierto es que las condiciones actuales explican la urgencia de que entre en vigor el acuerdo modernizado. Un acuerdo más amplio Desde la perspectiva del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la modernización del Acuerdo Global ofrece una plataforma para profundizar la relación económica bilateral, fortalecer la posición de ambos socios frente al nuevo entorno comercial global y construir cadenas de valor más resilientes, sostenibles y alineadas con principios de apertura y cooperación. El organismo destaca que desde la entrada en vigor del acuerdo original en 2000, el comercio bilateral se multiplicó por cinco. Alemania, España e Italia concentran más de 50% del intercambio, con una fuerte integración en sectores como el automotriz, farmacéutico, maquinaria industrial y servicios financieros. No obstante, el IMCO advierte que para aprovechar plenamente esta oportunidad, México requiere avanzar en una agenda de políticas públicas que mejore sus capacidades estructurales y facilite su integración a sectores clave de mayor valor agregado. La dimensión política del acuerdo también resulta central. Guadalupe González Chávez, integrante del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), subrayó que la modernización no debe leerse como un pacto comercial transatlántico tradicional, sino como una relación global que integra vínculos económicos, políticos, sociales y culturales construidos durante más de dos décadas. En un contexto de alta tensión geopolítica, este acuerdo permite a México consolidar a Europa como socio estratégico. En términos de balanza comercial, el principal beneficiario hasta ahora es la Unión Europea, que mantiene un superávit superior a 36,000 millones de dólares en su intercambio con México. Esta realidad es reconocida por la propia Comisión Europea, que señala que el acuerdo de 2000 benefició de forma significativa a las empresas europeas, aunque dejó sin atender nuevos desafíos en comercio e inversión relevantes en la actualidad. El acuerdo modernizado crea una plataforma comercial más profunda. Cerca de 99% de los productos intercambiados quedarán libres de aranceles, lo que permitirá abrir de manera más profunda el mercado mexicano a las empresas europeas. La eliminación de barreras resulta especialmente relevante para las exportaciones agroalimentarias de la Unión Europea, como quesos, vinos y otros productos de alto valor agregado, en un mercado de más de 120 millones de consumidores. Actualmente, algunos productos enfrentan aranceles elevados, como el pollo con tasas de hasta 100%, el cerdo con 45% y la carne de res con 20%. Más allá de los aranceles, el nuevo acuerdo amplía el acceso al mercado mexicano en sectores considerados estratégicos para la Unión Europea, como servicios, contratación pública y derechos de inversión. Las empresas europeas podrán participar en licitaciones estatales, ofrecer una gama más amplia de servicios financieros, de telecomunicaciones y transporte, e invertir con mayores garantías gracias a un sistema moderno de protección de inversiones. Este pacto reduce trabas administrativas y establece reglas más claras, con beneficios tanto para grandes corporaciones como para pequeñas y medianas empresas. El acuerdo también refuerza compromisos en ámbitos prioritarios para la Unión Europea, como la protección de los derechos laborales, el medio ambiente y el aseguramiento de cadenas de suministro de materias primas críticas para la transición verde y digital. Para Mónica Laborda, doctora en Relaciones Internacionales e Integración Europea y asociada del Comexi, el nuevo acuerdo no representa solo una actualización técnica. Se trata de una decisión estratégica de política exterior frente a un mundo más fragmentado y volátil. Su principal valor reside en ofrecer previsibilidad, reglas claras y estabilidad institucional. |
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