De Veracruz al mundo
HEMISFERIOS
Rebeca Ramos Rella
2020-04-08 / 16:13:31
DE LA SORORIDAD, DE LA SOLIDARIDAD, DEL LIDERAZGO
Este 2020, se escribe en la historia del mundo, como el tiempo del estruendo que ensordece y retumba en las instituciones, en los pueblos, en las conciencias y en las autoridades.
Varias lecciones nos estn dejando estos tiempos trmulos. Nos estamos sacudiendo por dentro. Lo inexorable de las violencias, del despertar de la movilizacin y participacin ciudadana y los estragos de la pandemia nos estn obligando a replantearnos hbitos, decisiones, rutas y ritmos, acciones colectivas.



Nos ha llegado la hora de la verdadera responsabilidad. La ciudadana, la social, la econmica, la poltica y la institucional.



Termin marzo, estamos en abril y ya la humanidad, los gobiernos, las instituciones y organizaciones globales, las sociedades y gobernantes, todas, todos, nos damos cuenta que iniciamos la tercera dcada del siglo, con sobresaltos, con las ideas de los imposibles que, se derrumban porque ya no lo son; con asombros, extraezas y espasmos que estn estrujando nuestras conciencias, que estn agobiando nuestras mentes, que nos estn recluyendo a la reflexin y nos estn empujando a la accin y deber, colectivos.



Pareciera que, hay paradas bruscas en nuestras vidas, para que despertemos; quizs porque se nos tiene que acabar el individualismo egosta que distingue, segrega y omite; esa tentacin a cerrarnos en grupos, burbujas y elites, para excluir; la pretensin de cuadricularnos con frialdad, en estratos socioeconmicos, edades, niveles educativos, gneros, razas, credos, ideologas polticas, todo esto que nos identifica y tambin, divide, pero que termina por confrontarnos en lo general, de cara a la realidad, la que hoy vivimos parejo, que no diferencia en nada, idiomas, fronteras, colores, privilegios y precariedades.



Este 2020, se escribe en la historia del mundo, como el tiempo del estruendo que ensordece y retumba en las instituciones, en los pueblos, en las conciencias y en las autoridades.



DE LA SORORIDAD



Los primeros truenos y rayos cayeron impasibles sobre las estructuras gubernamentales, por causa de las inacciones o de la inefectividad ante las violencias de gnero que cada da se reproducen de formas diversas -vaya ahora, hasta por va digital e internet-; por las crestas de los feminicidios que cada da son ms altas, por las mismas cimas de los homicidios, las lesiones y agravios por razones de gnero.



Y ya denuncian expertas, que estos delitos contra las mujeres siguen subiendo como espuma por la cuarentena y del riesgo de contagio del COVID-19; tambin, por causa de



las desigualdades y discriminaciones que, durante milenios, siglos, dcadas, aos, das y horas padece y sigue hiriendo, a la mitad de la poblacin, en toda dimensin demogrfica en el orbe.



Ms sorprendi a las y los incrdulos y descalificadores del movimiento social ms importante de dos siglos, las multitudes de mujeres, que salimos por miles a las calles, para exigir a los Estados y gobernantes, detener ya, las violencias y finales fatales que nos amenazan; a prevenir el odio, el desprecio y borrar la indiferencia cuando se trata de respetar, defender y garantizar nuestra dignidad humana y nuestros derechos fundamentales.



Las arengas y las demandas son conocidas, pero lo que no se conoca, -ni en los sueos guajiros de la que esto escribe, ni en las mentes de las veteranas luchadoras y defensoras de los derechos de las mujeres-, fue la extraordinaria capacidad de las manifestantes de todas las edades, estratos, perfiles, orgenes y preferencias polticas, culturales y sexuales, de mostrar verdaderas coincidencias y empata, ante la alianza de gnero hacia objetivos comunes que, no fue otra cosa ms que, la tan anhelada SORORIDAD, tan difcil de construir y aceptar como nueva forma de convivencia entre mujeres y, ahora todo un reto poder sostener.



Los das 8 y 9 de marzo de este 2020, las mujeres de Xalapa, de Veracruz, de Mxico, del mundo, exclamaron en coro unsono, que la paz, que predican en los templos y que ensalzan en los discursos oficiales, se edifica en el respeto y libre ejercicio de los derechos efectivos por igual y en la inclusin, sin prejuicios, sin estereotipos.



Vociferamos con cimientos, el hartazgo, la condena, la indignacin contra la impunidad de los criminales, contra la omisin institucional y contra la revictimizacin, cuando somos violentadas, asesinadas, desparecidas, secuestradas, acosadas, hostigadas, agredidas, maltratadas como objetos, excluidas, humilladas e invisibilizadas.



El msculo de la marcha mundial y del paro de mujeres, seguramente estremeci los escenarios de las y los lderes polticos que oyeron consignas y reclamos, s, quiz hasta escucharon, pero ciertamente, vieron en la Sororidad inusitada, los miles, millones de votos perdidos o en riesgo de escaprseles, en las cuentas de sus intereses y causas personales y polticas.



Cuidado. Las manifestaciones de mujeres no necesitaron de infraestructura, ni de acarreo, ni de canjes, para movilizarse.



Peor an, las que estaban dormidas en la sumisin inconsciente de haber sido educadas en la cultura patriarcal, despertaron y las que nacieron en este siglo, ya crecen con la certeza de sus derechos, alcances y fortalezas.



La historia de la humanidad registra que cuando el pueblo, as, solito, se expresa, sale a las calles, se mueve con sus propios recursos, las y los gobernantes deben recapacitar y preocuparse ms y, pensar mejor, en las razones de tal manifestacin y decidir con mucha inteligencia en las acciones y respuestas que habrn de dar, antes de que la ola feminista les arrastre, porque el tsunami ya les rebas.



Ninguno de las y los gobernantes del orbe se salv del reclamo sororo y sonoro de las mujeres.



La batalla, causa, misin de las mujeres que despeg en la primera semana de marzo, deben seguir, ahora con ms rigor, con ms congruencia y con determinacin, porque por vez primera, se encarn la Sororidad en la mayora de las mujeres y de esta alianza de propsitos comunes, lo que pudimos ganar, fue la Solidaridad, espontnea o convenenciera, pero al fin, respaldo, de las otras mitades y de las instituciones, en la lucha a favor de nuestros derechos.



Despus de esos das, ya nada ser ni debe ser lo mismo que antes.



Los 8 y 9 de marzo de 2020, las mujeres sellamos un parteaguas en la historia del movimiento feminista y en la del mundo, que an tiene una gran deuda con nuestros derechos.



DE LA SOLIDARIDAD



En esto estbamos, cuando el virus chino se convirti en pandemia y empez a tintarnos la vida de contagios, muertes, sospechas, reclusin. El miedo dominando el mapamundi.



La pandemia de este siglo, nos est haciendo recordar que vivimos en un planeta, -al que, por cierto, estamos destruyendo inmisericordemente-; nos machaca que somos una comunidad de naciones y de localidades y que, a la hora del peligro a la salud de la humanidad, a la lucha por la supervivencia, no hay fronteras, tampoco pasaportes, ni estratos, ni edades, ni diferencias.



El COVID-19, no da tregua y no distingue a nadie, pero s puede evidenciar lo que no tenemos, lo que no somos capaces de hacer o de decidir, lo que no sabemos por ignorancia o por intransigencia y cerrazn y lo que puede afectar a todas y a todos, por irresponsabilidad, la social, la ciudadana, la poltica y la institucional.



La crisis sanitaria a nivel global, nacional, estatal, local y comunitaria est poniendo a prueba, la Solidaridad de las personas, la conciencia de pertenecer a un colectivo y la corresponsabilidad social.



Adems, est situando bajo lupa, las capacidades institucionales y de quienes las encabezan, para atender, prevenir, responder y orientar; tambin, pone el examen ms difcil e intrincado, a la habilidad, conocimientos, sensibilidad poltica y visin de Estado de las y los lderes y gobernantes para comunicar con acierto, para comandar, decidir, actuar con raciocinio, a fin de unir, como un gran equipo, a las poblaciones que gobiernan y representan.



La pandemia del novedoso Coronavirus ha extrado de las personas, distintas facetas de hermandad y comunin y tambin, desgraciadamente, de irreflexin, negacin e indiferencia.



Ahora, en Mxico, somos esencialmente solidarios frente a las tragedias. La leccin del 85 y los subsecuentes desastres y contingencias, a lo largo de los ltimos aos, hacen resurgir al espritu de hermandad y de apoyo a quien sea, sin importar que sea persona conocida o no, cuando la realidad nos alcanza.



En esta poca amarga, los medios y redes han dado cuenta de manifestaciones solidarias en otros pases, donde personas de diversos sectores sociales han iniciado cadenas de apoyo, compartiendo, donando, haciendo labor voluntaria para ayudar a otras. Lo que admira y emociona.



Se redactan a diario, crnicas emotivas y estrujantes a lo ms interno, en cada rincn del planeta, de lo que la gente est aflorando de s, frente al enemigo comn.



Pero tambin, nos topamos de pronto con personas que no creen en la pandemia; que no confan en autoridades, ni en las noticias, ni en nada e insisten en hacer vida normal.



Alarma verlas, despreocupadas de las medidas bsicas de prevencin de contagios, argumentando supuestas conspiraciones planetarias; aisladas en su pensamiento respetable pero irresponsable, al conducirse absolutas y temerarias, en su ignorancia despreciativa o en la denegacin tozuda que, por supuesto pone en peligro al colectivo.



La realidad es que la pandemia que ya est aqu, amenazndonos a toda y todos, nos est obligando a ser empticos con el resto y muy responsables con nosotros mismos, con la familia y con la o el desconocido o no, pero igualmente vulnerable que nosotros.



El Covid-19 le nos est. Es el mal de todos, para todos que, nos arriesga y espanta y, por eso, porque el peligro es parejo, la respuesta y accin ciudadana debiera ser igual, en frente unido y en lnea desplegada.



Si han sido las violencias, la inseguridad, la corrupcin, la impunidad, la pobreza, las desigualdades, los crmenes, el desempleo, la precariedad de ingresos, nuestros demonios a perseguir y querer borrar de nuestras vidas, -en esto todas y todos coincidimos-, pelear contra la nueva cepa del Coronavirus, es una batalla de vida o muerte, de estricta supervivencia que nos debe nacer la Solidaridad y la conducta prudente y fraterna.



Por lo menos en la novedad de la reclusin que, si bien, el gobierno federal no impone ni obliga como en otros pases o regiones, -an nos deja al sano juicio la decisin voluntaria-, para aprender o recordar que nuestra actitud, cuenta y cuenta muchsimo y que, lo que cada quien haga o deje de hacer, significa y abre la preciosa posibilidad de salvarnos o de menguar un poco, el cataclismo que nos viene en todos sentidos.



Ahora bien, en nuestro sistema presidencialista y ms, en la fase reciclada del suprapresidencialismo -acorde a la concepcin de Sartori-, que estamos viviendo, no se debe caer en la aeja trampa de esperar o pensar en que slo el gobierno en todos los rdenes, -y en el caso del federal, con todo el poder centralizado, personalizado y en vertical- deba resolvernos o vaya a solucionarnos la vida.



Sera iluso, absurdo y peligroso quedarnos cruzados de brazos. El neo-paternalismo gubernamental, al estilo de los 70s, no nos va a salvar, si no somos solidarios, solidarias y ms an, si no nos hacemos responsables de nuestros hbitos y conductas cotidianas.



El paternalismo estatista, lo ha probado la historia, aunque lo pregone, no tiene varita mgica, no hace milagros.



Pero lo que s infunde, me temo, es la idea en el colectivo de que no es necesario participar, ni hacer nada o hacer slo lo que mandate an y as, ordene pararnos al borde del precipicio.



Est visto en la espiral histrica que el paternalismo estatista paraliza e inhibe la libre iniciativa individual y colectiva, la subestima, la encajona, la descalifica -como sucedi al arcaico socialismo real-, pequeo detalle que caus su derrumbe sistmico.



Por tanto, si bien las instituciones y los gobiernos deben tomar el timn de la batalla contra la pandemia y sus efectos y conducir las polticas y acciones urgentes y el esfuerzo colectivo, en la terrible emergencia sanitaria que nos tiene en vilo, no debemos olvidar que, la ciudadana ya juega una parte fundamental en la labor de aportacin, prevencin y accin conjunta, contra la pandemia.



Por esto debemos, hacer lo que nos toca y ejercer la Solidaridad y la corresponsabilidad a conciencia.



La prueba magna a la sociedad es adaptarse y ser proactiva, paciente, vigilante, participativa, escrutadora y cooperativa.



DEL LIDERAZGO



Cierto es que nuestras leyes ordenan a las autoridades, las responsabilidades, facultades y obligaciones que deben cumplir y hacer cumplir, acorde a sus mandatos y que, deber primordial del Estado, -de todos los Estados del orbe-, es salvaguardar la integridad fsica de la poblacin; garantizar en igualdad, el acceso al goce de los derechos humanos entre los que caben los derechos sociales a la salud, a la educacin, al trabajo, a una vida digna, segura y productiva-.



Por esto, tampoco podemos estar dispensando o ignorando omisiones, irresponsabilidades o faltas al cumplimiento de esas obligaciones y atribuciones, porque todo lo que atenta contra nuestros derechos fundamentales, es materia constitucional, es asunto de seguridad nacional y a nivel global, de seguridad internacional.



Por esta razn es que los Estados y sus gobiernos deben ejercer y garantizar lo que juraron velar, la proteccin y la integridad fsica de las poblaciones, como lo mandatan las legislaciones nacionales y, en el contexto global, el sistema de Naciones Unidas debe materializar el principio de Preservacin de la Paz y Seguridad internacionales, de cara a las tres crisis: la sanitaria, la econmica, la poltica, que ya tenemos encima.



Hoy ms que nunca, el entramado legal domstico y el Derecho Internacional deben hacerse valer y deben guiar las acciones colectivas que han de realizar ya, las y los lderes del mundo y, en el mbito nacional, las y los titulares del Poder Ejecutivo, en los tres rdenes de gobierno.



El tsunami nos est arrastrando sin piedad, a esta fecha en 200 pases, con ms de 80 mil muertes, rayando el milln y medio de personas infectadas y casi 2 mil millones estamos confinados en cuarentena o con restricciones de salidas de casa.



Se nos alerta que, los estragos econmicos de la crisis sanitaria son, en la proyeccin de las personas expertas, devastadores -aterrantes- para las economas del orbe y ms



para los pases ms vulnerables y para las economas emergentes como Mxico, -ya no digamos para las 52.4 millones de personas que sufren pobreza y para las 9.3 millones que sobreviven en pobreza extrema-.



La recesin global ya nos atropell y se compagin con el desplome del precio mundial del barril de crudo, gracias a los inoportunos pleitos en Medio Oriente, regin e intereses en los que, la Unin Europea, Estados Unidos, China y Rusia, tienen mucho que ver, porque avivan las rivalidades entre el mundo musulmn, dueo de la riqueza petrolera.



De manera que el virus noque primero, a las potencias y, a la periferia, nos atac primero por importacin, evidenciando la conexin globalizada y, tambin las debilidades en los sistemas de salud de los hegemones, avizorando escenarios muy complicados y riesgosos, por deficiencias institucionales.



Mucho se ha escrito sobre este panorama, en comparativo, con el periodo de la segunda posguerra mundial. En esa poca, la respuesta de las potencias ganadoras, -entre las que Estados Unidos, Europa y la ex URSS, hoy Rusia, se asumieron como los Estados lderes-, fue la reconfiguracin del orden planetario a travs del Sistema Internacional para, en comunin, sacar al mundo del atolladero econmico, social y poltico.



En esta ocasin no se ha visto, ni sentido ni notado un liderazgo global, que est consensando el rumbo fijo, los esfuerzos y las acciones conjuntas, como en otros tiempos lo hubiera hecho Estados Unidos.



Las potencias optaron por los mecanismos de concertacin internacional a primer nivel, como el G20, incluyendo a los organismos multilaterales y financieros internacionales para consensar.



Sin duda, fue un discurso de la Canciller alemana ngela Merkel, el que ms cimbr a lderes del mundo quienes, se tardaron muchsimo, pero finalmente se encontraron en videoconferencia de emergencia del G20, en Riad, Arabia Saudita, en das pasados, para conversar y coincidir en lo que en unidad pueden y deben hacer para enfrentar a la pandemia y a sus estragos, que a todas las naciones indudablemente estn afectando y van a impactar de forma negativa.



Vale decir que algo se ha aprendido de la historia y que hoy, como nunca antes, la comunidad internacional debe actuar en cooperacin efectiva, urgente y eficaz, sin odios, parando guerras, evitando chantajes y amenazas o como advierte a lderes, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pongan a la poltica en cuarentena.



Ojal, porque el COVID-19 ya dobl al engredo y ridculo de Trump que ahora sale absurdamente con que la OMS estar bajo investigacin.



El virus, encerr a Putin; puso en el ojo a Xi Jinping, a Hasan Rohan y al Ayatolla Jamenei; empoder a Macron, a Merkel, a Johnson, que sigue en terapia intensiva. Ha exhibido en su inmensa torpeza al arrogante de Bolsonaro, -Brasil lidera contagios y muertes en Amrica Latina-; ha evidenciado la lentitud para prevenir y ha enlutado dolorosamente a Italia y Espaa; ha despertado admiracin hacia Corea del Sur, Singapur y Hong Kong.



Est poniendo a severa prueba, la popularidad de liderazgos unipersonales, la capacidad de gestin, la precisin y credibilidad de gobernantes y de los partidos hegemnicos que gobiernan a Rusia, Turqua, Mxico.



Est examinando de qu estn hechas las dictaduras de Centro y Sudamrica; a los Sultanatos; est perfilando suspensin de celebraciones religiosas de Semana Santa, para el catolicismo que ya est aqu y del Ramadn, para el mundo musulmn, que inicia el prximo 23 de abril.



Est hundiendo a las industrias, ms a la turstica, en el mundo; al comercio domstico e internacional; est inhibiendo inversiones privadas y apretando a las pblicas; est poniendo en peligro millones de empleos y a nmero igual de familias de estratos medios y medios bajos que, viven estrictamente de sus ingresos.



Ya no digamos de la contraccin de las economas por la fatal rueda que implica menos ingresos, menos consumo, ms desempleo, ms quiebres de empresas Mipymes y dejando en total desamparo a quienes abultan el comercio informal.



Est arrodillando a la sociedad y al sistema internacional y adems est ayudando a pavimentar el camino de la intervencin -golpe de Estado- de Estados Unidos en Venezuela, que bien aprovecha Trump, para ganarse votos y poder reelegirse, dada la desgracia del entorno.



Y pese a que hay noticias calmas sobre la parada del conflicto eterno Israel-Palestina y han descendido los enfrentamientos en Siria e Irak, no olvidemos que ah siguen los narcos y criminales, desapareciendo y matando personas.



Ya hay quienes se aprovechan como banditas locales que han empezado a saquear comercios y supermercados, fenmenos que puede agravarse gracias al empobrecimiento de la poblacin econmica activa, hoy inactiva que angustiada no podr tener ingresos ni para comer.



Adicionemos a farsantes y ladrones que quieren hacerse ricos medrando y usando la confusin, el pnico, la cuarentena.



Se reconoce que el G20 y organismos participantes, decidieron tomar riendas para combatir esta pandemia con una respuesta global transparente, robusta, coordinada, de gran escala y basada en ciencia, con espritu de solidaridad y a hacer lo que sea necesario para superarla mediante 6 acciones conjuntas:



Proteger la vida de las personas; Salvaguardar los trabajos y los ingresos de las personas; Restaurar la confianza, preservar la estabilidad financiera, reactivar el crecimiento y recuperarnos ms fuertes; Minimizar las disrupciones al comercio y a las cadenas de suministro globales; Proveer ayuda a todos los pases que necesiten asistencia; Coordinar las medidas en salud pblica y financieras.



Y que ac, nuestro Presidente, presentara en su informe alguna hoja de ruta que, pudo descorazonar a millones y a otros millones, darles esperanzas y certezas. Esperamos que haya ajustes en el proceso.



Lo importante es que cada gobernante est tomando sus decisiones, acorde a las directrices de la OMS y conforme a sus propias necesidades y posibilidades, pero es necesario resaltar que, la globalizacin del problema debiera abordarse en un Gran Acuerdo Global, directriz de los Acuerdos nacionales esperados, para articular y alinear mayor cooperacin internacional y regional.



Ante la pandemia que, a todos y todas, amenaza, el consenso y la unidad en toda dimensin, es sinnimo de sobrevivencia. Primero debe ser la vida y la convalecencia de las economas, luego la poltica.



Sn embargo, la falta de un liderazgo poltico global, de un Estado o de un organismo internacional, efecto que se reproduce a niveles domsticos, est ocasionando la dispersin de esfuerzos institucionales, las confusiones y una mala comunicacin poltica, errores fatales y la paranoia social que llega ya, a la discriminacin.



En Mxico, estamos observando que cada Gobernador, Gobernadora, Presidente o Presidenta Municipal toma las decisiones que se necesitan acorde a su realidad, bajo el fundamento del pacto federal y la autonoma municipal. Pero lo ptimo y vital sera que todos enfilaran fuerzas y acciones en la misma direccin, sin dejar de lado sus requerimientos especficos inmediatos.



Por lo anterior, es que insisto que hoy, los liderazgos con visin de Estado y los grandes acuerdos, son de extraordinaria necesidad.



La virtud de la sensibilidad y de la capacidad de negociacin, polticas, para escuchar a todos y a todas y tomar en cuenta las propuestas y recomendaciones, sobre todo, de las y los expertos en las materias que obligan analizar, las tres crisis que sufrimos.



Tambin considerar en lo mximo, apoyar a los sectores productivos y sociales; armar consensos y pactar las acciones ms eficaces, para garantizar la supervivencia, el bienestar y la productividad de todas y todos, a fin de amortiguar los estragos.



Es lo urgente y, es lo ms inteligente. En estos tiempos de adversidad, lo nico que puede ayudarnos es estar unidos, en acuerdos y acciones en frecuencia, autoridades, sectores productivos, ciudadana y sociedad civil organizada.



Nos queda claro. Es tambin la hora de la sociedad, de los colectivos, de las organizaciones sociales, del empresariado, en tanto que los partidos polticos y las lites gubernamentales se nieguen a recluir sus posturas ideolgicas e intereses electorales.



La politizacin de los cmo, cundo, dnde, quin o quines, cunto en las acciones institucionales para confrontar las crisis y la pandemia, no sirve, empeora la situacin.



Estamos viendo el desastre sanitario y el desplome econmico que viene imparable, pero podra aterciopelarse. Ojal.



Algo positivo saldr de esto y coincido con muchos analistas, que esto germinar de la sociedad civil. Las grandes reestructuraciones de los sistemas polticos que, ante una debacle como sta, se muestran avasallados, siempre se edifican ms slidas y legtimas, desde la base, como lo dicta la historia. rebecaramosrella@gmail.com

Nos interesa tu opinión

   Más entradas
ver todas las entradas
> Directorio     > Quiénes somos
® Gobernantes.com Derechos Reservados 2010