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XALAPA.- La indolencia que representa el morenismo, sin duda, es la marca que los distingue. Y es que la indiferencia de las autoridades locales ante la tragedia que se vivió el pasado viernes 19 de enero, en Lerdo de Tejada, se hizo evidente desde un principio. Brando Arellano Cruz, el joven que fue víctima de la violencia policial en ese municipio, fue despedido por familiares y el resto de la comunidad en un féretro de madera, rodeado de flores blancas y amarillas. Mientras la lluvia caía sobre la ciudad, la madre y el padre de Brando, con rostros sumidos en la tristeza, ocupaban la primera fila dentro de la funeraria, donde la mayoría de los presentes mantenía la mirada en el suelo; sin embargo, no había rastro, por ningún lugar, de la autoridad municipal que sigue sin dar la cara y no tuvo el decoro de dar las condolencias. Los ciudadanos, sumamente molestos, contaron que ni siquiera un regidor se paró afuera de la iglesia para darle el pésame a la madre y al padre. Al concluir la misa, los padres de Brando dieron la orden de llevar el ataúd a la carroza, y los ciudadanos presentes ayudaron a retirar los arreglos florales. Cargando el ataúd, familiares y amigos lideraron el cortejo detrás de la carroza, mientras la fuerte lluvia continuaba. La tensión creció a tal grado el mismo día del incidente que la comunidad intentó linchar a los policías implicados y originó un incendio en el palacio municipal como acto de protesta, ante la falta de respuesta oficial. Hasta el momento, sigue sin haber avaneces importantes en la investigación mientras el gobernador se pasea en la CDMX haciendo gala de su turismo electoral, pero, sobre todo, de su falta de empatía.
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