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XALAPA.- En medio de la agitación social y las demandas de los trabajadores del sector salud estatal, quienes protagonizan una protesta en Xalapa exigiendo la culminación de su proceso de basificación, Cuitláhuac García Jiménez, que no es conocido precisamente por ser un mandatario muy empático, les ha dirigido unas palabras en un acto de preocupación simulada. Ante la multitud que clama por la estabilidad laboral, García Jiménez les dice que no le gustan esos modos y que no lo molesten: “No es necesario que se manifiesten de esta forma, yo estoy escuchando y observando estas legítimas manifestaciones, porque recuerden que es uno de los pendientes en el sector salud y lo vamos a cumplir". ¡Un aplauso para el gobernador! Y es que parece sugerir que las protestas son completamente innecesarias, ya que él, el gran solucionador de problemas, ya tiene el asunto bajo control. En ese sentido, y en un acto de sorprendente benevolencia, Cuitláhuac admite que el proceso no ha sido sencillo debido a cómo dejaron el sistema de salud. ¿A quién podría referirse con ese "cómo dejaron"? Su administración ya lleva 6 largos años, por lo que se evidencia su torpeza discursiva e ineptitud al ser incapaz de asumir alguna responsabilidad. Mientras el descontento de los trabajadores se manifiesta en las calles, el director de esta orquesta del descontento social parece sugerir que la paciencia es la clave. "Lo vamos a cumplir", dice, como si su palabra fuera suficiente para apaciguar las preocupaciones de aquellos cuyas vidas laborales penden de un hilo. En un giro predecible, Cuitláhuac nos invita a creer que está del lado de los trabajadores, que sus lamentos son comprendidos y que él, cual generoso salvador, hará todo lo posible para poner fin a sus reclamos laborales. La preocupación del gobernador, sin embargo, parece haber llegado un poco tarde, y los trabajadores de la salud pueden preguntarse por qué la solución no la ha proporcionado antes. En el escenario de la política veracruzana, Cuitláhuac García Jiménez pretende erigirse como el empático mandatario que intenta hacer suya la bandera del descontento social, pero sus palabras parecen más una sinfonía de promesas incumplidas que una composición de soluciones concretas.
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