XALAPA.- El desvergonzado diputado local y coordinador de la Junta de Coordinación Política del Congreso Local, Juan Javier Gómez Cazarín, ha vuelto a generar controversia con sus declaraciones, esta vez, adoptando un tono desafiante y agresivo hacia sus opositores políticos en Veracruz. En respuesta a las críticas recibidas por parte de los candidatos de otras fuerzas políticas, Gómez Cazarín responde con acusaciones severas, recordando supuestos casos de corrupción pasados y destacando los errores de anteriores administraciones. Al referirse a los representantes del PRI y el PAN, los acusa de tener "la cola muy larga", recordándoles episodios vergonzosos de la historia política de Veracruz; sin embargo, algunos lo calificaron como un mero provocador que busca atención y reconocimiento por parte de la candidata a la gubernatura de su partido, la zacatecana Rocío Nahle, que dicen los enterados, en este momento, lo tiene muy frío. El servil diputado hace el ridículo señalamiento que, durante el bienio del exgobernador Yunes Linares, hizo promoción a su hijo para robarse la gubernatura, pero los veracruzanos “no se lo permitieron”. Acusa que entre gobiernos priistas y panistas llevaron a Veracruz a la peor crisis de inseguridad en su historia, mientras señala los “logros” del gobierno actual y destaca una supuesta disminución en los índices delictivos. Es curioso porque Gómez Cazarín parece haber obviado el caos y la inseguridad permanente que padecen todos los sectores públicos en la entidad, así como el hartazgo generalizado de la burocracia estatal. Y es que los empleados han aprovechado para documentar en redes sociales cada vez que se les comisiona a asistir a eventos políticos en contra de su voluntad. En este contexto, las declaraciones del cínico diputado resaltan una tendencia hacia la confrontación y la polarización, a pesar de la fuerte crisis que Veracruz ha enfrentado a lo largo de este desastroso sexenio. Más allá de la retórica agresiva, los ciudadanos esperan un debate fundamentado en propuestas constructivas y un enfoque responsable hacia los desafíos que enfrenta el estado. Un intercambio que, desde luego, él no puede dar porque no está a la altura.
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