Uriel Flores Aguayo
El día treinta y uno de diciembre rindieron protesta las Presidentas y Presidentes, así como los ediles respectivos, en doscientos once municipios veracruzanos. Lo hicieron en ambientes festivos y optimistas, con mensajes de compromisos y trabajo honesto. Entre las nuevas autoridades hay de todo : con o sin carrera política, con o sin experiencia administrativa, con o sin título profesional. Los lemas que escogieron como parte de la imagen institucional refleja su idea del quehacer que les espera. Es normal que tengan la suficiente energía para iniciar sus responsabilidades. Es sano políticamente que asuman la pluralidad ciudadana y que gobernarán más allá de los partidos, sin renunciar, por supuesto a su origen, identidad y militancia. Se nota en algunos casos cierta confusión con las funciones y alcances de los Ayuntamientos. En varios discursos aparecen temas de justicia social y de igualdad, siendo asuntos que superan las capacidades municipales. Las Constituciones y leyes de la materia señalan con claridad las funciones que les corresponden; de entrada es con lo que se deben comprometer. La dependencia presupuestaria de los municipios, que basan su capacidad de obra y servicios en las participaciones federales, les deja escaso margen para algo más; desde luego que cuentan con el espacio que quieran para gestionar recursos extras y presentar proyectos donde haya coordinación tripartita; igualmente pueden trabajar en la convocatoria amplia a la participación ciudadana. Me parece que el empresariado de todos los niveles debe ser tomado en cuenta y comprometido en acciones colectivas. Los Ayuntamientos no tienen que ser necesariamente de corte presidencialista aunque las presidencias cuentan con amplísimas facultades; su composición es peculiar porque incluye un Cabildo, un espacio colectivo a semejanza de los órganos legislativos donde los ediles tienen voz y voto. Por el ejemplo la Tesorería y la Secretaría municipales son propuestas de los Alcaldes y se aprueban por el Cabildo. Es necesario que las regidurías tengan funciones más concretas y efectivas más allá de lo formal que les indica la ley. Es decir, que trabajen. Son respetables las intenciones de los nuevos Ayuntamientos, hay que concederles credibilidad o, al menos, el beneficio de la duda. Debemos esperar que sepan que es lo que quieren, que reúnan equipos serios de trabajo y sean transparentes. Que tomen decisiones basadas en estudios, que no gasten recursos en ocurrencias. Que estén accesibles para la ciudadanía y hagan política con ideas y apertura. Un buen punto de partida es echarle un ojo a la forma en que terminan las administraciones salientes: ver si dejaron dinero en caja, si no hay obras inconclusas, si no existen deudas, si no engordaron la nómina, entre otros asuntos importantes. En el espejo de los salientes deben verse los entrantes para decidir ,desde ahora, la manera en que quieren terminar. Nunca deben obviar que los recursos que manejan son de la sociedad y que debe importarles su legado en el recuerdo de su buen nombre. Si hacen las cosas bien tendrán derecho a seguir con sus carreras políticas, pero sobre todo caminar por las calles de sus ciudades y poblados con la conciencia tranquila.
Recadito: todo el apoyo a Daniela, por el bien de Xalapa. |
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