Francisco Cabral Bravo
Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil
El tema es evidente y obligado, la operación militar estadounidense en Caracas es un parteaguas en el orden internacional, como ya está su pero diagnosticado. Pero tengo otra visión distinta a lo que muchos colegas alegan respecto a la violación del derecho internacional público. Para mí el mundo está enfermo de “burocratitis”.
Después de la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses crearon las instituciones internacionales y el marco jurídico que reguló al mundo después de dicha guerra. Para poder controlar esta primera etapa de la globalización se requería quien gestionaría y, por lo tanto, el diseño educativo, sobre todo en la educación superior, se trató de formar a gestores que, a la postre, pudieran manejar instituciones, organizaciones y empresas globales. A esto se le conoce como la clase gerencial por varios autores que han estudiado a la burocracia como la epidemia que es.
Margaret Thatcher lo vio con la claridad que la caracterizaba y pensaba que, si la burocracia seguía creciendo como una forma de vida y no como un servicio para la sociedad, habría un momento en el que la resolución de los problemas o la poca regulación al individuo sería contra sus propios intereses: lo que conocemos como un conflicto de interés. Y tuvo razón, es exactamente lo que ha pasado en todos los países, el gobierno se ha convertido en un modus vivendi para muchas personas que seduzcan para vivir de ello para siempre, lo que ha creado la necesidad de generar problemas o no solucionarlos.
El Imperio Británico controló 25% de mundo con 500 mil burócratas trabajando para él. Hoy, el Reino Unido tiene seis millones de personas trabajando en la burocracia. No he encontrado datos fiables para México, pero en España 37% de las personas empleadas los son como burócratas. ¿Cómo sostiene un país esos números de burócratas? Pues con los impuestos del sector privado no hay secretos.
La Unión Europea es, quizá, el peor ejemplo burocrático del mundo. Regula hasta lo que no tiene, por ejemplo, la inteligencia artificial. Hoy en día después de 24 años, la economía europea es 35% menor a la de Estados Unidos y los expertos coinciden en que la razón es el peso detener tanto gobierno para tantas cosas.
Piense usted cuál fue el origen del Estado: seguridad, aplicación de la ley y el derecho y dirimir conflictos entre individuos. Todo este rollo es para explicar el contexto bajo el cual se está llevando a cabo la discusión bizantina de que Estados Unidos violó o no el derecho internacional. Creo en la ley y creo en los sistemas jurídicos, siempre y cuando sean funcionales. El derecho internacional público dejó de serlo hace mucho tiempo.
¿De qué sirve la ONU, la OEA o la OMC, si no pueden poner orden dentro de sus ámbitos? De nada, con su omisión, los problemas persisten, porque la realidad es terca. Si hay un tema sobre el cual el planeta haya avanzado notablemente durante la última década, ha sido en el esfuerzo colectivo por hacer efectivos los derechos de igualdad de los pueblos y de los individuos, y el respeto por los derechos humanos. Como nunca antes, el Estado moderno ha impulsado y tolerado el crecimiento de tecnologías de la información que facilitan la libre expresión de las ideas, sin restricciones.
No puede invocarse el derecho para tutelar gobiernos que conducen su política y sus acciones fuera de los cauces democráticos y fuera del derecho mismo. Cuando el gobierno se hace del poder constitucional y las fuerzas armadas para cometer delitos contra su propia población, como sucede en muchos lugares, el derecho no debe ser un obstáculo para liberar de su yugo a un pueblo.
Y continuando con las presiones extremas de EUA el mismísimo poder judicial de Estados Unidos deslindó al gobierno de Venezuela, y en particular al autócrata que fue Nicolás Maduro como dirigente de un cártel narcotraficante y terrorista, fue un pretexto que encubría otras intenciones, como la de abatir al único gobierno sudamericano que se había alineado con los intereses económicos y geopolíticos de China. Estados no necesita el petróleo venezolano, pero al incautarlo puede impedir que China compense sus necesidades de energía con sus yacimientos, los mayores del mundo, y sus reservas de gas.
Ya en el siglo que corre se culpa al narcotráfico (y a los cárteles extremos) de ser la causa directa de muerte de 300 mil estadunidenses al año, lo que aumenta que su propia legislación, reformada por Trump, los tipifique como terroristas y que su ley patriota le permita al gobierno intervenir en cualquier país para combatirlos.
Donald Trump suspendió el procesamiento de visas de inmigrantes para 75 países. La justificación, evitar que extranjeros “dependan de ayudas públicas”. La realidad acaba de bloquear a millones de fanáticos de futbol que compraron boletos para el Mundial 2026. Técnicamente suspendió visas de inmigrantes, no de turista.
Pero en la diplomacia del miedo, el pánico es contagioso. Cuando un gobierno paraliza operaciones consulares, el sistema entero entra en shock.
Las citas de turismo se cancelan, los tiempos se multiplican y el mensaje es claro: “No vengan”. Para un torneo que empieza el 11 de junio, cada semana perdida es una receta para el caos. La ironía es absoluta, en noviembre Trump anunció con Gianni Infantino “visas exprés”.
Marco Rubio prometió 400 funcionarios extra.
Hoy, la orden ejecutiva hace lo contrario.
EU organizó el Mundial para proyectar una imagen de nación acogedora. Trump acaba de cancelarla. O sin importarle. Esto no es una historia sobre visas, sino sobre invitar al mundo a tu casa y cerrarle la puerta, dejando que el vecino lidie con la multitud en la banqueta.
La democracia, la libertad y la justicia forman un triángulo perfecto de excelencia política. Dichosos los pueblos que gozan de las tres.
El problema es que sólo son benéficas si coexisten. Si falta alguna, hasta se convierten en nocivas. Son como el agua. Cuando es pura, es vital. Cuando es impura, es letal. La purificada, da vida. La contaminada da muerte.
Para explicarme relacionaré seis fórmulas binarias. Democracia sin justicia es linchamiento popular. Democracia sin libertad es dictadura de mayoría. Justicia sin democracia es ley del más fuerte. Justicia sin libertas es ajusticiamiento. Libertad sin democracia es desorden bárbaro. Libertad sin justicia es delincuencia organizada.
Como toda reforma política, la que puede surgir debe valorarse en lo que nos mejore. Lo demás es inútil y absurdo. El tamaño es muy poco importante. Lo fundamental es la composición y la potestad de un Poder Legislativo.
La democracia puede entrar en retroceso. Ya lo hicieron la libertad, la justicia, el federalismo, el constitucionalismo y el republicanismo. La democracia, la justicia, la salud o la seguridad son caras. Tengamos cuidado con las discusiones estériles. Para que haya verdadera democracia, libertad, justicia y política, se requiere que haya verdaderos políticos, verdaderos demócratas y verdaderos liberales. Cuando el pato tiene agua no sólo bebe sino nada. Pero cuando el pato no tiene agua, ni nada.
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