Según podemos observar, en México el pasado ya nos alcanzó. Obviamente no se trata de un asunto relativo a Cronos, porque ya sabemos que lo sucedido en el tiempo tiene carácter de irreversible, aunque sirve para acumular experiencias, individuales o nacionales. En su mitología los griegos tenían a Cronos como uno de los Titanes de la época de oro de la humanidad, su ambición de poder lo condujo a devorar a sus hijos por temor a que lo derrocaran, Zeus se salvó y fue quien lo venció, pero solo temporalmente, porque el tiempo, Cronos, es poder inevitable. En asuntos políticos y sociales la única receta viable para evitar que el tiempo en pasado se empareje es seguir avanzando, detenerse implica el riesgo de estancarse. Al parecer, si nos atenemos a los acontecimientos actuales, ese fenómeno está ocurriendo en México, y no se requiere de mucha sabiduría para descifrar los motivos.
Si al actual acontecer mexicano lo observamos desde el ángulo de la economía, a partir de su pírrico crecimiento hemos de concluir que desde 2019 México viene perdiendo impulso, y que de continuar en esa inercia pronto se comenzarán a sentir los espasmos sociales, porque en todo conglomerado humano nada duele más que un bolsillo desinflado. Consecuentemente, al interior de la sociedad mexicana aumentarán las desigualdades, la clase media se adelgazará y el trecho entre los más ricos y los pobres será cada vez más pronunciado. Si lo avizoramos desde el acontecer político, el fenómeno de retroceso es más acentuado porque es manifiesto el repliegue institucional de este país, no solo dejamos de avanzar en la evolución política sino que regresamos al pasado, en términos cronológicos a la década de los años setenta del siglo XX, porque en el intento de desmantelar institucionalmente al sistema político se impulsan las condiciones para restaurar al presidencialismo imperial, al PRI redivivo, al corporativismo político, al monopartidismo, a la hegemonía de un partido. La maquinaria que desbroza ese camino hacia el pasado, como ariete ponzoñoso, es la reforma electoral en ciernes. Alguien ya lo apuntó, mal andamos cuando la aprobación de esa reforma depende de Alberto Anaya (PT) y Jorge Emilio González (Verde), ambos lacras supervivientes de nuestro subdesarrollo político, porque con el voto de sus bancadas legislativas completarían sumados a Morena la mayoría calificada para hacer factible la reforma constitucional. Símbolo adelantado es el anuncio de “Andy” sobre los 11 millones 50 mil 758 registros en la nomina de la militancia de Morena, y del más depurado corporativismo lo es la declaración de Alfonso Cepeda, dirigente nacional del SNTE, acerca del millón 250 mil maestras y maestros supuestamente incorporados a Morena, solo faltó que evocara la famosa frase del eterno dirigente cetemista de antaño, Fidel Velazquez, cuando afirmaba que los obreros eran soldados del PRI, y ahora, el magisterio de Morena a la usanza de Jonguitud Barrios y Elba Esther Gordillo. |
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