Las ansias del poder pudieran ser expresadas gráficamente imaginando la mazorca colocada delante del caballo para hacer que este avance en el camino. También, como embadurnando con miel un traste de cocina y de inmediato ver formarse una multitud de moscas aleteando sobre el objeto. Esta reflexión es a propósito del brinco de ciertos alcaldes para sumarse a MORENA habiendo ganado esa posición política abanderando a otra sigla partidista. En términos de teoría política es interesante el caso, pero nada nuevo por supuesto, porque ese “chapulineo” forma parte inherente de nuestro acontecer político, o mejor, de la naturaleza humana cuando de poder político se trata. Las tragedias de Sófocles y de Shakespeare se enriquecen con casos en los cuales la traición, la ingratitud, la mentira y el engaño, forman lugar común ¿Qué de extraño pudiera ser el cambio de partido de algunos alcaldes?
El trapecismo de los alcaldes de Santiago Sochiapan, Jesús Carranza, Chumatlán y Coacoatzintla no es asunto nuevo sino un costumbrismo político, ya histórico, pudiera afirmarse. En la entidad veracruzana hay constancias añejas de alcaldes que habiendo vencido electoralmente al PRI arropados por otras siglas partidistas, una vez en funciones se reincorporaron a sus filas, fue una decisión de pragmatismo político, porque siendo el PRI el partido en el gobierno se facilitaba la gestión municipal. En 1973, el líder campesino Jonás Bibiano Landeros buscó ser candidato del PRI a la alcaldía de Acayucan, no lo logró y decidió formar un partido local (era posible hacerlo) y apoyado por el Partido Popular Socialista alcanzó un indiscutible triunfo electoral, con gran numero de votos a su favor que hizo imposible cualquier intento de anular la elección. Ya como alcalde se reintegró al PRI. Ese mismo año, 1973, en Coatzacoalcos, Francisco King Hernández buscó la candidatura priista, pero le fue denegada, entonces creó un Partido local y con apoyo del PPS obtuvo una copiosa votación que lo convirtió en alcalde de ese importante municipio. De igual manera, Pancho King pragmáticamente regresó al PRI ya como alcalde. Ese mismo año, en Pánuco, Raúl Pazzi bajo las siglas del PPS derrotó al PRI que le había negado la candidatura, muy pronto regresó a las filas priistas. Es decir, el fenómeno se repite pese a tiempo y circunstancias diferentes. Sin embargo, queda un expediente por analizar: al cambiarse de partido un alcalde ¿está traicionando principios y al electorado que lo llevó al cargo? Vale el cuestionamiento, pero en la crudeza del pragmatismo político surge otra pregunta: si el cambio de partido es para beneficiar la gestión municipal en beneficio de los gobernados ¿es congruente el cambio de partido? En respuesta de bote pronto pudiéramos afirmar que en nuestro universo político al final todo sale junto con pegado, porque la rutina indica que los resultados nada tienen que ver con la pertenencia a un partido sino con la capacidad de gestión, sensibilidad social y vocación de servicio de quien gobierna. Y por eso estamos como estamos. |
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