Suele suceder: ocurre cuando alguien expresa opinión negativa acerca de quien desde el servicio público incumple con la obligación de obtener resultados de beneficio social, se le conmine a ser objetivo y no emitir juicios “viscerales”. Con esa admonición se pretende apagar la reflexión pública de quienes “se atreven” a calificar la gestión de un gobernante cuyos resultados quedaron a deber. “Ayudó a mucha gente” es uno de los argumentos para desmentir la critica razonada, olvidando que la misión de un gobernador o alcalde o presidente de la república no consiste en “ayudar” sino en aplicar el recurso público con eficiencia, eficacia y honradez en programas de beneficio colectivo. En Veracruz gobernante hubo que “ayudó” a muchas personas cuando en gira por poblaciones rurales repartía billetes de 500 o mil pesos a cuanto ciudadano se le acercara, ellos lo recuerdan con agradecimiento, porque el pueblo mexicano siempre ha dado constancia de acendrada gratitud. Pero, ¿cuál es el parámetro para calificar a un gobernante? Obviamente, a un gobernador se le elige para que otorgue seguridad pública, mejore hospitales, construya escuelas, caminos, carreteras y puentes, del balance de su gestión resultará la calificación correspondiente.
Pero, dicen quienes de eso saben, la historia, además de narrarla hay que comprobarla. Es decir, en el caso específico de una gestión pública, el costo beneficio es una formula aplicable: cuánto presupuesto manejó el gobernante durante su periodo constitucional, dónde están las obras que reflejen la inversión pública, cuántos hospitales, cuántas escuelas, a cuánto asciende la inversión en el campo, cuántos tractores se distribuyeron, cuántos puentes nuevos se agregaron a la infraestructura carretera, ¿disminuyó la inseguridad pública? ¿se redujeron los homicidios? Ese es un paquete genuinamente útil para el balance de una gestión pública; si quien lo analiza en base a parámetros objetivos concluye que aquella fue una administración fallida tiene la obligación de expresarlo, pese al riesgo de ser calificado de tendencioso y visceral, la historia lo absolverá. |
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