El alcalde de Culiacán es sujeto de extradición por el gobierno de EEUU., el de Tequila está en cárcel por nexos y formar parte de una banda de extorsionadores, el de Taxco es señalado de mantener vínculos con la delincuencia organizada, el de Cuautla ya duerme en prisión por los mismos motivos, el alcalde de Centro, tabasco, señala que AMLO estaba enterado de la creación de La Barredora en esa entidad, dos alcaldesas chiapanecas fueron detenidas por hallárseles culpables de extorsión, secuestro y otros delitos. cuando se aplicó la operación enjambre en el estado de México por lo menos tres alcaldes fueron arrestados, igual sucedió en Puebla, un asesor de la alcaldesa de Acapulco fue detenido acusado de narco delincuencia, son solo algunas autoridades municipales a las cuales el gobierno federal ha enclaustrado en prisión, pero solo unos cuantos porque abundan. En Xalapa se detuvo a ocho policías por mantener vínculos con la delincuencia, solo un reflejo de lo infiltrados que están los cuerpos delincuenciales en el país. En el norte de Veracruz policías organizan retenes para asaltar, y muchos etcéteras más.
Con el giro diametralmente opuesto de la política anti crimen implementado por el actual gobierno respecto de su antecesor se han extraditado, expulsado o entregados al gobierno estadunidense decenas de capos de la droga, que a su vez, siguiendo el protocolo de testigo cooperante o apelando al de testigo protegido, han “cantado” revelando nombres de políticos, (gobernadores, alcaldes), que sucumbieron ante la presión o fueron impulsados por la delincuencia organizada para alcanzar el poder. Toda esa información obra en poder del gobierno federal, si es así ¿por qué no actúa con precisión profiláctica deteniéndolos? La hebra se ha ido desmantelando, dejando al descubierto el pus que invade la estructura gubernamental, su derrame contamina al gobierno y a su partido, paradójicamente, a la presidenta se le complica actuar como debiera, deteniéndolos o, como es el caso de Rocha Moya y coacusados, extraditarlos para demostrar cero impunidades. La coyuntura presidencial es de dimensión descomunal, porque su actuación pudiera quedar inscrita en los anales de nuestra historia como la de un gobierno penetrado y dominado por las fuerzas más antisociales en vez de privilegiar el interés nacional. De cumplirse esa temible hipótesis sería muy lamentable para el país, ciertamente estos tiempos son de definición. |
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